Marjolein Martinot
RIVERLAND
El rostro es un espacio narrativo. Un libro lleno de historias que busca ser leído con detenimiento. La novela de una vida. Siempre tenemos la extraña convicción de que el individuo se esconde en la máscara del rostro.
Oscar Wilde dijo que a partir de los cuarenta años todos somos responsables de nuestra cara. La geografía del rostro es un paisaje infinito que oculta y revela nuestra alma.
Tal vez es por eso que nos gusta tanto mirar los retratos de nuestros familiares, de nuestros amigos, de nuestros seres queridos.
Sin embargo, también nos fascina mirar retratos de gente desconocida y anónima. Mirar un rostro de hito en hito, contemplar la imagen de un rostro es mantener un vínculo, una comunión íntima y profunda.
La mirada nunca es inocente. Por eso en las grandes ciudades la gente evita mirarse a los ojos. Una mirada directa y fija es un voluntario acto de agresión.
La fotógrafa Marjolein Martinot en su trabajo Riverland camina por los márgenes del agua y mira de frente los rostros y los ojos de la gente. Camina con su cámara por los ríos y vías fluviales del Sur de Francia. Un curso de agua que serpentea como un camino antiguo entre los árboles. Un espacio liminal lleno de niebla y sueño.
La autora nos presenta una serie de fotografías de factura clásica y de un cuidado y precioso blanco y negro hechas en película, que nos muestran diversas escenas, retratos frontales, paisajes y naturalezas muertas.
En sus imágenes a orillas del río, bajo la luz suave de la mañana y los dorados del crepúsculo, el tiempo queda en suspenso en un verano interminable. Un mundo onírico y mágico donde los niños juegan felices y los adolescentes, las familias y las parejas ven pasar la vida sin recelo. Con plena aceptación.
Riverland es un refugio en el corazón del bosque de las hadas, un espacio para esconderse de la muerte y vivir para siempre. Nuestras vidas, nuestros rostros son breves como fotografías, pero es cuando alguien nos mira cuando somos eternos.
Plaça Doctor Guardiet (Mapa)