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Manal Abu-Shaheen

(Beirut, Líbano, 1982)

Este trabajo cuyo título es el nombre de la ciudad de Beirut quiere evidenciar cómo las formas de comunicación de la actual globalización exporta imágenes idealizadas de una cultura a las realidades de otra. Occidente como el gran colonizador que impone su estilo de vida en todas partes, su ideal de prosperidad y sociedad. La dicotomía Tradición-Modernidad replica la dicotomía Oriente-Occidente. El progreso sólo puede seguir las trazas del mundo capitalista y el sistema liberal.

Motivada por la falta de historia visual del paisaje en Líbano, la autora construye su propio archivo fotográfico del entorno urbano: una ciudad dominada por vallas publicitarias. La publicidad unas imágenes de un occidente opulento que llenan las calles de una ciudad del próximo oriente. Lujo, glamour y felicidad. En cierto sentido, los anuncios son el cebo por el consumo ilimitado del crecimiento capitalista, pero, por otra parte, pretenden vender un ideal occidental del todo mitologizado que es incongruente en una ciudad posterior al conflicto bélico. Los anuncios y el capitalismo neoliberal representan la forma más reciente de colonialismo. Lo nuevo y fascinante de este sistema es que emplea las imágenes como su herramienta más poderosa. La ciudad está ahora ocupada por imágenes de personas y productos occidentales. El hecho de que utilice el blanco y negra en sus fotografías parece poner al mismo nivel el mundo ficticio de la publicidad y la dura realidad de la ciudad de Beirut.

El tiempo no existe. Es una invención humana. El tiempo lineal. El tiempo cronológico surgido del calendario y después del reloj. Un tiempo humano que inventa el paso del tiempo. Una hibridación que hila esta red de agentes conformada por casi objetos.

Lara Gasparotto desarrolla un universo íntimo capturando momentos de dulzura y melancolía. Recuerdos convertidos en sueños, la narración de sus imágenes cobra vida a través de la atmósfera que sale de la relación entre la luz y el silencio. Leemos sus imágenes cómo recordamos las estaciones pasadas: el lugar y el tiempo no importan, los momentos se convierten en tiernos recuerdos de lo que no hemos vivido.

La figura, siempre insistente, de la mujer: joven, sensual, a veces a punto de desfallecer. Mujeres adolescentes, a la vez inmaduras y llenas de sensualidad, imágenes vagas entre fragmentos del mundo natural. La corriente de agua como el líquido amniótico donde nadan y bucean sus personajes dentro del vientre materno de la Naturaleza. El gesto simbólico y sagrado del bautismo como acto erótico de entregarse a la vida.

Joaquim Blume 2 (Mapa)

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